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Showing posts from March, 2008

Carencias por el pasado en el futuro

El tiempo pasa. Los años. A veces me da por la nostalgia a futuro, luego volteo mi atención hacia el pasado y me da melancolía. Los años, los recuerdos, a dónde se fue todo, qué será en el futuro. En estos episodios voy y vengo dentro de la nostalgia, lo absurdo, sabiendo que me hace mejor estar en el presente y vivirlo hasta el tuétano, extraer la esencia de lo que hay, lo que es. Pero habemos seres propensos a la rumiacion, a la profundización de ciertas ideas u conclusiones. Hay cosas pues, que para unos resultan triviales, mientras para otros evocan sentimientos introspectivos. No es agradable. Quizá si fuera menos atento a lo que sucede o lo que significan ciertas cosas, viviría más a la deriva, como un barco liviano, masculino, inusitado. Pero me ha tocado ser testigo, observador de la vida para pensarla, quizá luego escribirla, aunque en ocasiones me resulte una carga, una cruz que no tiene explicación o respuesta.

¿Por qué naciste antes que yo?

De las preguntas que rondan la mente de mi hijo es la edad. Papá, tú cuándo naciste, qué edad tienes, porqué naciste antes que yo. No es una pregunta obvia, ya que la veo con más reposo y atención. Para él podría ser una curiosidad relativa a su edad, porqué papá no nació antes. Pero luego me entra un atisbo de misterio y elocuencia. ¿Quién me hace la pregunta, es él, o su espíritu eterno?. ¿Porqué no nació él antes que yo? (parece hasta un 'koan'; esas adivinanzas budistas que no tienen respuesta y conducen a la iluminación) ¿Acaso no era posible dentro del contexto de la eternidad que fuera así?. Unos días más tarde, revisita el tema y me dice, yo soy tu papá y tú eres mi hijo.

5 y 2

Después de un fin de semana abreviado (2), los lunes 'parecen' arrastrarse. San Lunes. Cinco días de trabajo, dos de descanso. Ritmo perpetuo. Cinco días en un ritmo alejado, dos días apegados (familiar). Una historia que empieza y termina cada semana. Un renacer, un volver a empezar, un ciclo. Cinco días. Dos días. Cinco días. Dos. La historia de una vida.

Viernes Santo

Después de comer me entró un sentimiento cargado, pesadumbre. Era la primera vez que me sentía así en Semana Santa. Una identificación con el sufrimiento de Jesús. Otros años me dispersaba (paseos, etc). Este año, después de comer, a eso de las 430 PM, fuimos a dar una caminata. Esa caminata condujo a la iglesia. Sin saber, dimos con la misa de las cinco. Fue una misa larga, la crucifixión, las siete palabras en la cruz. Saliendo de ahí coincidió que nos uniéramos a una procesión, una marcha silenciosa en la noche. De una iglesia a otra, con velas en la mano, hasta me tocó cargar la cruz por un momento. Bastante impresionante la experiencia, bastante conmovedora. Ese tipo de experiencias que alimentan la humanidad, la sencillez de una vida plena, sensata, sin las banalidades del comercialismo. Me parece que de eso se trata. Vivir lo que somos. Lo contrastante de la experiencia es que llegamos a casa y los vecinos traían fiesta. Unos observan el silencio. Otros beben vino.

La canción del tirano

A la pregunta de cómo lidiar con un jefe insatisfecho con su vida, un jefe de carácter rupestre, rudo, agrio, resentido, no tengo respuesta. ¿En qué medida ayuda la meditación a interactuar con una persona así? ¿Será contagioso estar cerca de una persona así? Acostumbrado al carácter bonachón de mi ex-jefe, su generosidad y flexibilidad de libre albedrío, ahora me encuentro con el polo opuesto. Una persona rígida, sin sentido del humor. Una persona que ha sufrido en su vida (al parecer), y eso le ha endurecido el corazón. Solo queda trabajar duro y cuidar de no inquietar su temperamento. Tratar de hacer buen trabajo dentro de lo digno, lo humano.

Silencio

Llegué al centro de meditación sin saber qué. Solo entendía que se debía estar cinco minutos antes, para acomodarse. Una persona me puso al tanto. Te daré una introducción de 30 segundos, dijo. Nadie hablaba, todo se hacía en silencio (para practicar 'mindfulness'). Elegir tu tipo de asiento (zafu, silla), entrar a la sala de meditación (donde ya permanecían en su lugar unos). Un poco impersonal la situación, sobretodo para una persona que no está acostumbrada. No se sabe si sonreír o permanecer serio, solo se hacen reverencias con las palmas juntas. Un poco como una escala que uno hace durante el día. Se llega, se medita, y se retira. Todo en silencio. Dos periodos de 35 minutos con un intermedio de 10 para meditar caminando (a dos velocidades). La primera sesión me tomó trabajo. Sentía el corazón inquieto. La segunda fue eficaz. Al principio pensaba que no iba tolerar. Normalmente medito 20. Pero en la segunda sentí que pude haber durado más; estaba en ese estado donde el ti…

El darma de lo cotidiano

El darma de Buda no está en los libros. Observa tu mente. Observa cómo los sentimientos van y vienen, cómo los pensamientos van y vienen. No te apegues a nada, solo sé conciente de lo que hay que ver. Este es el camino de Buda. Sé natural. Cada cosa que haces en tu vida es una oportunidad para practicar. Todo es darma. Cuando hagas tus tareas sé conciente. Si lavas una vasija no sientas que lo haces como favor a alguien. Hay darma en lavar vasijas. No sientas que practicas solo al estar sentado. Algunos se quejan que no hay tiempo para meditar. ¿Hay tiempo para meditar? Esta es tu meditación: mindfulness en todo lo que hagas.

--Ajahn Chah

Centro de meditación

Investigué acerca de un centro de meditación zen. Encontré la información en una revista de meditación, luego me puse en contacto por email para pedir informes. Sería mi segundo intento de integrarme a un grupo de meditación. El primero tenía buen concepto, pero el linaje budista que seguían no era de mi predilección. Por un tiempo anduve con la idea de formar mi propio grupo, pero no ha funcionado (sigo abierto a la idea). Cuestión de horarios e interesados. Mejor adaptarse a un grupo ya formado, y de paso aprender zen. Además tener la experiencia de meditar con otros. Iría un día a la semana, según mis propias posibilidades de tiempo. A ver qué pasa.

Me encuentro a indigentes o ellos me encuentran a mí

fui a comer
y al salir
un indigente esperaba sentado sobre una barda
se me quedó viendo
pero en su mirada no había miseria
más bien como un asombro de encontrarse en esa situación
una parsimonia abstracta
¿habrá sido un ángel?
cuando regresé seguía donde mismo
y me veía
me sentí raro
atiné al pensar que me pediría dinero
¿tienes un billete?, dijo
le extendí el dinero
luego vi cómo se asombraba
como si no creyera que le fuera a dar dinero

Gastos de impresión Hare Krishna

Un hombre con un libro en la mano se acercó a mí. El libro era el Bhagavad Gita. El hombre era un monje. Me lo dijo. Soy un monje, te regalo el libro. Hojeé el libro mientras el monje me decía que solo usamos el 10% de nuestro cerebro. ¿Meditas?, preguntó. Un poco, luego vi su cabeza rapada, sus lentes redondos, el collar en su cuello, era una persona delgada. Soy un monje, dijo, y acepto donativos para los gastos de impresión. Pensé que el libro era gratis, pensé. Era insistente, cierta necedad, impertinencia, tensión. Le pregunté cuándo eran las meditaciones. Me dijo que los domingos, y me dio un panfleto de su templo Hare Krishna. Luego volvió a repetir que era monje y que aceptaba donativos para los gastos de impresión.

Ambos no teníamos casa

El indigente entró a la farmacia
Los empleados se asustaron
Trataron de sacarlo para que no molestara a los clientes
Me dio su mano
Le di mi mano
Su mano 'sucia' / mi mano 'limpia'
El indigente salió de la farmacia
Afuera le di un billete
Que Dios te bendiga, dijo, y que bendiga a tu niña
Luego le enseñó el billete a los empleados de la farmacia
Ven?, dijo.

La pastilla

El nuevo año, enero, me recibió con la noticia de que el trabajo donde estaba llegaba a un fin. Fue una pastilla amarga, de pronto encontrarse con ese abismo incierto. Sin embargo, nunca me faltó trabajo gracias a Dios. De poco en poco, he tenido quizá hasta más, trabajando independiente, luego di con un conecte de un amigo que me recomendó en su trabajo, que el ya dejó para irse a otra parte. De forma que desde hace tres semanas he estado trabajando en una oficina, en la cual ha sido una adaptación. Al sistema de trabajo, al jefe. No ha sido fácil. He encontrado satisfacciones, pero también sinsabores e incertidumbres. Unas por otras. Pero la sensación de incertidumbre se había disipado -a cierto punto- para dar cabida a un sentimiento de comodidad, de adaptación, de sentir que mi vida volvía a tomar su camino. Bajo estas linduras me encontraba cuando vino otro cambio. Uno más duro. Uno que lleva tiempo, quizá toda mi vida. Y es que nunca he tenido casa propia. Muchas parejas se casa…

El único momento, la impermanencia

Nos gusta lo calientito, lo cómodo, lo conocido. Nos gusta la estabilidad, tener una sensación de control sobre las cosas. Nos gusta saber dónde vivimos, dónde trabajamos, nos gusta contar con esas cosas como algo seguro, definitivo. Pero es precisamente cuando experimentamos lo contrario, cuando en realidad estamos viviendo, como quien dice, al fuego de lo desconocido, donde fluye la verdadera impermanencia de la vida. Cuando entramos en contacto con la impermanencia, entendemos lo precario de estar vivos y las cosas toman otro significado. Vivimos al borde, pero estamos viviendo, valorando cada momento.

El camino y el acompañante

Un perro contento de verme me recibe en la calle mientras me dirijo a la farmacia. Me acompaña por el camino. Es un perro chaparro, vivaracho, gordo, inteligente, observador. Casi como una persona. Pero una persona no suelta el ego tan fácil, no sale de su rutina para acompañarte. Este perro, de pronto parece muy incondicional. Va conmigo, haciendo feliz el recorrido. Va dirigiendo el trayecto, moviendo la cola, cruzando el camino, volteando de un lado a otro. Es todo lo que hay. Es lo que es. Le digo unas palabras, el paseo termina, ¿me habrá entendido? Qué más da. Nos vemos a la otra.

La imagen es de una niña

Que si el tiempo. Que si dentro de una semana cambia la hora. Que si los periódicos. Todo lo que sé, se resume en la imagen de mi hija, asomándose por la puerta, mientras me voy a trabajar. Yo estoy en mi carro a punto de partir, ella está en la puerta, viéndome. Los dos, inmersos en un momento de muchos, pero son momentos como estos donde no se dicen palabras, donde el lenguaje del tiempo hace su aparición, y una imagen se queda grabada en el corazón. Quiero llegar lejos en esta vida, y no necesito de muchas cosas. Solo los sentimientos mundanos, las cosas de todos los días.

Canción de marzo

Me puse el iPod y fui a correr. Hacía tiempo que no lo hacía de esta forma (con el frío no había oportunidad). Es energizante. Motivación. Uno oye una canción de antaño, y el recuerdo inyecta de pasión al cuerpo. Más energía, entrega. Una razón, un motivo que suena a desahogo, una canción hecha sentimiento que se vacía por los sudores. Nos hacemos sentimiento y el ejercicio se hace completo.

Impermanencia

Hazte estas dos preguntas: ¿Soy conciente en cada momento que estoy muriendo y que los demás también y por lo tanto trato a todos con compasión? ¿Mi entendimiento de la muerte e impermanencia es tan agudo que dedico cada momento a la iluminación? Si puedes responder un "sí" a ambas preguntas, entonces sí entiendes la impermanencia.

-Sogyal Rinpoche