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Dao-Fo

Después de años de insatisfacción, volvía a la oficina de Dao-Fo para ver de un trabajo, see about a job. En esos tiempos de crisis, mi antiguo jefe se había renovado ante las cirscuntancias que a muchos habían aquejado en La City del Norte, donde las posesiones materiales estaban en default, y el espíritu abatía, duro, jobless.

Ahora se le veía reposado, gentleman, Dao-Fo, con ese refinamiento barroco tan preferido de él (siempre había tenido una inclinación por los jet-set), y ese mismo matiz había insertado en los espacios de su oficina, la misma de antes, donde trabajaba y escribía algún texto, o cuento, en el cajón.

Divanes selectos, para acoger a clientes cansados de jaleos. Piezas arqueológicas, extraídas de aventuras por tierras lejanas, para distraer la pupila de cualquier pensador avanzado. Luces indirectas para iluminar animales disecados. Porcelanas, colores, piel; madera, para reflexionar.

Después de ponernos al corriente en cuanto actividades, Dao-Fo me ofrecía trabajo, y yo, con mi habitual benevolencia, invitaba a Drhiana -una compañera escritora que también se encontraba en default- a que participara de esta oportunidad de volver a la carga.

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Aquella que desee penetrar el estado de paz y perseguir su bienestar debe ser capaz, recta, muy recta, afable, apacible y sin vanidad.

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50
No debe cometer la más mínima falta que pudiera ser objeto de censura por parte de los sabios y las sabias. Que todos los seres estén felices y seguros. Que estén felices en sus corazones.

51-52
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Seres expansivos

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