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Música y tacos

Ella era mexicana, él norteamericano. ¿Cuántas parejas no hemos visto de este calibre? El gusto por lo exótico, el amor foráneo, mezcla de razas y sangres, el máximo fetiche de la conquista cultural.

Comían tacos. Ella feliz, segura de sí misma. Reflejaba el grado de confiabilidad que su anglosajón le depositaba. Los dineros en dólares dan seguridad.

Una pareja de clase, pensé. Ella con lentes, del tipo intelectual que podría trabajar en algún colegio de estudios avanzados, y él, un hombre que podría pertenecer a una corporación policiaca, fornido, cabeza rapada.

Luego se dio la dinámica donde el amor foráneo entre mexicana y anglosajón tuvo su choque de realidad. Al terminar los tacos, ya amenizaba un grupo de música afroantillana, y la mexicana le cogió las manos, quiso exhortarlo a moverse.

Él, tieso, sin poder o saber o querer acoplarse a los requerimientos latinos. Y ahí la historia de muchas parejas del estilo. No todo es colosal al cruzar las fronteras.

Comments

  1. Buen relato, casi lo ví...sí es como un flash.
    Cariños.

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Tai

Hablaban en el restaurante. La mujer rubia, joven, y el hombre veterano, de pelo gris. Una mesa de mantel blanco entre los dos. Una conversación cifrada.

La mujer hacía preguntas, ¿Dormiste bien? El hombre, con gesto de agobio, apocamiento, una cicatriz en la frente. Dormí bien, dice, sólo unas horas. Bajé y te vi con los ojos abiertos, dice ella, no sabía si dormías. Pasaste unos días en el hospital. Dejé comida en el refrigerador. Cuántos sobrinos tienes.

La comida Tai, pausa esta conversación. Ella comenta acerca de su esposo, algo que no se entiende, que su esposo algo. El hombre, sonrojado, se levanta al baño.

Le picó la comida, dice mi amigo.

El enemigo

El enemigo es la falta de conciencia, falta de presencia.

~Traleg Rinpoche

Fin del drama