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Con una inyección terminan los dolores



El doctor aún no llegaba y todos esperábamos en la sala de espera. Un espacio reducido donde las escaleras servían de asiento, para los que no conseguían silla. Eran las cuatro de la tarde.

Un papa veía a su hija, que veía a un celular. Me llamo la atención el amor que ejercía, poniendo su cabeza sobre el hombro de ella, como interesado, pero sin hacer nada, permaneciendo al margen.

—¿Porqué visitan al médico? —me preguntó un hombre joven, estirando las piernas en la escalera.

Le expliqué que llevaba a mi hija.

—Le duele la garganta —le dije.

Llegó una mujer con un niño de diez, que al ver la crisis de asientos —yo era de los que estaba recargado contra la pared—, decidió quedarse parada en la escalera, haciendo caras, sin saludar a nadie.

—Ayer vine con este mismo doctor —me dijo el hombre joven—, pero me inyectó su ayudante, una estudiante que hacía pruebas y me pidió perdón cuando se equivocó de nalga.

—¿Porqué no hacen la sala de espera más grande? —dijo la mujer del niño de 10.

—Estos días las salas están llenas —dije.

—O que coloquen más asientos —dijo—. Me tocó llevar a mi hijo en la madrugada a la clínica. No he dormido nada.

El doctor por fin llegó. Un hombre calvo, subido de peso, jovial y ameno, que traía una torta en la chamarra. Hizo un conteo de las personas, e hizo pasar al hombre joven.

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Metta Sutta, Discurso del Buda acerca del amor incondicional

48
Aquella que desee penetrar el estado de paz y perseguir su bienestar debe ser capaz, recta, muy recta, afable, apacible y sin vanidad.

49
Debe estar satisfecho, ser fácil de mantener, tener pocas actividades y posesiones, ser controlado en sus sentidos, ser prudente, sin desverguenza y sin apegos a familias.

50
No debe cometer la más mínima falta que pudiera ser objeto de censura por parte de los sabios y las sabias. Que todos los seres estén felices y seguros. Que estén felices en sus corazones.

51-52
Que todos los seres que existen, débiles o fuertes, largos o grandes, medianos o bajos, pequeños o gruesos, conocidos o desconocidos, cercanos o lejanos, nacidos o por nacer, que todos los seres sin excepción estén felices.

53
Que nadie engañe ni desprecie a otra persona en ningún lugar; que no desee el daño de los demás con enojo o malevolencia.

54
Así como una madre o un padre protege; a su única hija o hijo a costa de su propia vida, de la misma forma uno debe cultivar un corazón sin límites…

El enemigo

El enemigo es la falta de conciencia, falta de presencia.

~Traleg Rinpoche