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Crepúsculo




El hombre miraba hacia arriba. Las nubosidades. La neblina.

—Parece una pintura —dijo sonriendo, su mirada en el horizonte, serio, introspectivo, interesante, James.

Su mujer, Vivian, lo acompañaba en el asiento de atrás.

—Le gusta observar —dijo.

—A ver cómo nos va este invierno.

—Veníamos por la carretera, y no se veía nada, todo muy cabreado, muy tupido de neblina.

—Nuestra casa es fría.

—¿Es de material? —pregunté.

Él asintió.

Entré al centro comercial para pagar el recibo de luz. Una fila de gente esperaba turno. Finalmente pasé. La mujer que estaba atrás de mí, una mujer de anatomía baja, en pants, empezó a estornudar muy fuerte.

Su anatomía se sacudía. Todos nos fijábamos en ella, por eso de la influenza. Estornudaba como si no hubiera final.

—Ahora si me agarró —soltó—. Ahora sí me agarró.

Las personas se quitaban. Yo le echaba una mirada desde la caja. Ella me sostenía la mirada.

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Tai

Hablaban en el restaurante. La mujer rubia, joven, y el hombre veterano, de pelo gris. Una mesa de mantel blanco entre los dos. Una conversación cifrada.

La mujer hacía preguntas, ¿Dormiste bien? El hombre, con gesto de agobio, apocamiento, una cicatriz en la frente. Dormí bien, dice, sólo unas horas. Bajé y te vi con los ojos abiertos, dice ella, no sabía si dormías. Pasaste unos días en el hospital. Dejé comida en el refrigerador. Cuántos sobrinos tienes.

La comida Tai, pausa esta conversación. Ella comenta acerca de su esposo, algo que no se entiende, que su esposo algo. El hombre, sonrojado, se levanta al baño.

Le picó la comida, dice mi amigo.

El enemigo

El enemigo es la falta de conciencia, falta de presencia.

~Traleg Rinpoche

Fin del drama