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Café y donas

Ayer estaba en una panadería de donas (¿donería?), y dos tipos, aparentemente jóvenes, acompañados de un niño de cinco o seis, se preparaban para servirse café al lado de una maquina de café.

Se trataba de unos tipos que ya había oído mientras yo elegía donas. Sus argumentos medio estupidos y descontrolados, imaginé que estaban drogados, y tenían la famosa sensación de los 'munchies'.

Ahora tenían pensado servirse café, y el niño ya iba con su vaso de cartón hacia la jarra de café, con toda seguridad. El tipo que se veía más grande le hizo notar este detalle al otro.

—Los niños no deben tomar café —le dijo.

—¿Quién dice que no? —dijo el otro—, los niños pueden hacer lo que quieran, y mi niño puede hacer lo que quiera.

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