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La biblioteca del Norte

Al parecer la biblioteca estaba cerrada. Un anuncio colgaba en la puerta de cristal, pero no estaba segura. Me bajé del auto, y a punto de cerrar la puerta, vi un auto que entró en el estacionamiento.

¿Era él? ¡No estaba segura!

Cerré la puerta y cuando me disponía a caminar a la biblioteca, volteé en dirección del auto.

Se encontraba al otro lado del estacionamiento. Se había colocado debajo de un árbol, en una sombra, donde no había nadie. En realidad no había nadie en todo el estacionamiento.

¿Era él? ¡Qué hacía ahí, en el estacionamiento vacío!

Fui y vine de la biblioteca, cerrada, con una noción carcomiéndome la mente. ¡Qué hacía él ahí! Como si toda mi experiencia en ese momento estuviera dirigida a saber qué hacia él ahí!!!

Muy rara situación, pensé, poniendo en marcha el auto.

El corazón me latía con fuerza. No podía concentrarme. En el semáforo saqué mi celular y marqué el número de una amiga.

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Tai

Hablaban en el restaurante. La mujer rubia, joven, y el hombre veterano, de pelo gris. Una mesa de mantel blanco entre los dos. Una conversación cifrada.

La mujer hacía preguntas, ¿Dormiste bien? El hombre, con gesto de agobio, apocamiento, una cicatriz en la frente. Dormí bien, dice, sólo unas horas. Bajé y te vi con los ojos abiertos, dice ella, no sabía si dormías. Pasaste unos días en el hospital. Dejé comida en el refrigerador. Cuántos sobrinos tienes.

La comida Tai, pausa esta conversación. Ella comenta acerca de su esposo, algo que no se entiende, que su esposo algo. El hombre, sonrojado, se levanta al baño.

Le picó la comida, dice mi amigo.

El enemigo

El enemigo es la falta de conciencia, falta de presencia.

~Traleg Rinpoche

Fin del drama