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La biblioteca del Norte

Al parecer la biblioteca estaba cerrada. Un anuncio colgaba en la puerta de cristal, pero no estaba segura. Me bajé del auto, y a punto de cerrar la puerta, vi un auto que entró en el estacionamiento.

¿Era él? ¡No estaba segura!

Cerré la puerta y cuando me disponía a caminar a la biblioteca, volteé en dirección del auto.

Se encontraba al otro lado del estacionamiento. Se había colocado debajo de un árbol, en una sombra, donde no había nadie. En realidad no había nadie en todo el estacionamiento.

¿Era él? ¡Qué hacía ahí, en el estacionamiento vacío!

Fui y vine de la biblioteca, cerrada, con una noción carcomiéndome la mente. ¡Qué hacía él ahí! Como si toda mi experiencia en ese momento estuviera dirigida a saber qué hacia él ahí!!!

Muy rara situación, pensé, poniendo en marcha el auto.

El corazón me latía con fuerza. No podía concentrarme. En el semáforo saqué mi celular y marqué el número de una amiga.

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49
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