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Y entonces, esto

Cuando llegué
Ambos hablaban seriamente
Ambos bien vestidos
Incluso parecían oficinistas tomando un breik
Él le decía al oído
Como si tratando de hacerle ver un punto
Ella meditaba con la cabeza baja

Al poco tiempo ya parecían una pareja recién estrenada
Vinieron los repegamientos
Él a ella

Rápido entendí que era de los hombres posesivos
Los acaramelados
Que no dejan de tener sus manos encima
Un beso en el cuello
En la cara
Una mano en la espalda
En la cara
Cuerpos repegados
Besitos alternados
En la cara
En las manos
Sonrisas tiernas
Como para hacer ver a los demás
Que esa mujer
Es de él

Como los tenía enfrente
Él notó que de vez en cuando miraba hacia ellos
Se molestó
Se lo hizo ver a su pareja

Ella lo abrazó y le dio un beso
Esto no hizo más que intensificar el celo de él
Se levantó
Y pensé que se haba retirado
Pero el tipo se había colocado detrás de unos estantes
Y me veía de lejos
Simulando que leía

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Tai

Hablaban en el restaurante. La mujer rubia, joven, y el hombre veterano, de pelo gris. Una mesa de mantel blanco entre los dos. Una conversación cifrada.

La mujer hacía preguntas, ¿Dormiste bien? El hombre, con gesto de agobio, apocamiento, una cicatriz en la frente. Dormí bien, dice, sólo unas horas. Bajé y te vi con los ojos abiertos, dice ella, no sabía si dormías. Pasaste unos días en el hospital. Dejé comida en el refrigerador. Cuántos sobrinos tienes.

La comida Tai, pausa esta conversación. Ella comenta acerca de su esposo, algo que no se entiende, que su esposo algo. El hombre, sonrojado, se levanta al baño.

Le picó la comida, dice mi amigo.

El enemigo

El enemigo es la falta de conciencia, falta de presencia.

~Traleg Rinpoche

Fin del drama