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El hoyo

Era problemático porque, la mujer le tocaba la pierna debajo de la mesa o lo acorralaba en el pasillo, y el marido no decía nada.

—Te cayó ceniza en la pierna —le decía, cuando todos fumaban y bebían en la sobremesa—, luego se hace un hoyo, hay que repararlo.

Y entonces, mientras le limpiaba la pierna con sigilo, le narraba una anécdota.

—Un día iba manejando por la carretera, iba fumando y me cayó ceniza en la falda. Ya te imaginarás. Tuve que frenar, porque si no se me hacía un hoyo en la falda.

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Tai

Hablaban en el restaurante. La mujer rubia, joven, y el hombre veterano, de pelo gris. Una mesa de mantel blanco entre los dos. Una conversación cifrada.

La mujer hacía preguntas, ¿Dormiste bien? El hombre, con gesto de agobio, apocamiento, una cicatriz en la frente. Dormí bien, dice, sólo unas horas. Bajé y te vi con los ojos abiertos, dice ella, no sabía si dormías. Pasaste unos días en el hospital. Dejé comida en el refrigerador. Cuántos sobrinos tienes.

La comida Tai, pausa esta conversación. Ella comenta acerca de su esposo, algo que no se entiende, que su esposo algo. El hombre, sonrojado, se levanta al baño.

Le picó la comida, dice mi amigo.

El enemigo

El enemigo es la falta de conciencia, falta de presencia.

~Traleg Rinpoche

Fin del drama