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Esperando que todo se mejore

Personas que te extrañan, pero no te lo dicen, no te das cuenta. No te lo dicen, que te extrañan, que significas algo en su vida. Te lo dicen cuando no estás, y no se puede hacer nada. Por eso dicen, en vida hermano.

Degustando mi platillo de Pad Tai, la mesera regordeta le tomaba la orden a un cliente solitario. Muy sonriente y servicial. Conmigo se había mostrado lo contrario.

El desasosiego, el desaire. Leía un libro de Auster y todo pintaba bien. Afuera las nubes, un día gris, dentro poco llovería.

Cuando me acerqué a pagar la cuenta, la escuché hablar desde la cocina, secando unos platos. Su espeso acento tailandés no la dejaba expresarse del todo, por lo que dudé si se dirigía a mí.

—Ya no viene —dijo—. Ahora se sienta y come. Ya no pide Pad Tai para llevar.

Su rostro regordete, sonriete, buscando algo, inspirándome una confianza.

—Lo que pasa es que ya no trabajo por aquí —le dije—. Se acabó el trabajo.

—En qué comunidad.

—En esta área. Tengo un amigo que trabaja por aquí. Me acordé de la comida tai. Y por eso pasé por aquí. Extraño la comida tai.

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Tai

Hablaban en el restaurante. La mujer rubia, joven, y el hombre veterano, de pelo gris. Una mesa de mantel blanco entre los dos. Una conversación cifrada.

La mujer hacía preguntas, ¿Dormiste bien? El hombre, con gesto de agobio, apocamiento, una cicatriz en la frente. Dormí bien, dice, sólo unas horas. Bajé y te vi con los ojos abiertos, dice ella, no sabía si dormías. Pasaste unos días en el hospital. Dejé comida en el refrigerador. Cuántos sobrinos tienes.

La comida Tai, pausa esta conversación. Ella comenta acerca de su esposo, algo que no se entiende, que su esposo algo. El hombre, sonrojado, se levanta al baño.

Le picó la comida, dice mi amigo.

El enemigo

El enemigo es la falta de conciencia, falta de presencia.

~Traleg Rinpoche

Fin del drama