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La suya persona

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—He leído su blog Quiroga —su persona alta, de cabello largo y negro, en la puerta de mi casa, en sábado, temprano.

—Cómo dio con mi domicilio —indagué.

—En Internet. Como usted sabe Quiroga, en Internet se encuentra todo tipo de información, hasta lo que uno no debe encontrar —hizo una pausa reverencial, como si me insinuara algo, sonrió.

Yo estaba en bata. Aun no desayunaba. Era sábado en la mañana, temprano. Había salido a buscar el periódico cuando encontré a su persona en la reja, como si esperando a que yo saliera. Mmm...

Recogí el periódico del suelo y leí los titulares. Las buenas noticias de la Ciudad del Sur. Algunos ajusticiados. El clima impredecible de invierno, El Niño. Conserva el asombro.

—Porqué no me hace caso Quiroga. Vine de muyyy lejos para entrevistarme con usted. Al menos muéstreme un poco de la educación que dice tener en su blog. Ese budismo que tanto pregona.

—Es cierto, discúlpeme. Es solo que...

Detuve mis palabras al observar que de su backpack, que llevaba en la espalda como estudiante de algún plantel, sacaba una libreta universitaria, donde me mostraba una lista de fechas escritas en azul.

—Todos estos post —dijo—, fechados en estas precisas fechas, hablan o hacen referencia a la mía persona. Por ejemplo en este de marzo, usted habla de una French Poodle blanca, ¡misma que yo también tengo! Mucha casualidad Quiroga.

—Esta usted yéndose por la tangente —atiné—. Discúlpeme que le hable así, pero no encuentro otra forma. Sus evidencias son relativas a una interpretación personal. No se sujetan a una verdad objetiva, a una realidad que pueda ser comprobada.

—No necesito comprobaciones Quiroga.

Apreté el periódico contra mi pecho. Volteé a mi alrededor para ver si aparecía un vecino y me rescataba.

—Aun y cuando —dije—, como usted asevera en su hermoso discurso a domicilio, hiciera referencia a usted en mis post, aun y cuando no es así, pero digamos para motivos de esta conversación sabatina, que así lo fuera, le digo con toda humildad y sumisión: no lea mi blog. Por favor. Así de sencillo. Haga de cuenta que no existe.

—Pero a mí me gusta lo que escribe, su blog.

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Tai

Hablaban en el restaurante. La mujer rubia, joven, y el hombre veterano, de pelo gris. Una mesa de mantel blanco entre los dos. Una conversación cifrada.

La mujer hacía preguntas, ¿Dormiste bien? El hombre, con gesto de agobio, apocamiento, una cicatriz en la frente. Dormí bien, dice, sólo unas horas. Bajé y te vi con los ojos abiertos, dice ella, no sabía si dormías. Pasaste unos días en el hospital. Dejé comida en el refrigerador. Cuántos sobrinos tienes.

La comida Tai, pausa esta conversación. Ella comenta acerca de su esposo, algo que no se entiende, que su esposo algo. El hombre, sonrojado, se levanta al baño.

Le picó la comida, dice mi amigo.

El enemigo

El enemigo es la falta de conciencia, falta de presencia.

~Traleg Rinpoche

Fin del drama