Las oi garigolear en seco, con su botella de vino al lado, en su mesa semi oscura, alumbrada por una lamparita tipo película de Scorcese. El tono de voz se volvió álgido entre las dos amigas y me dije, ya andan garigoleando el tease del vino farolero.
Treparon sus palabras aún más, solo interesadas en hacerse para enfrente en la mesa —cuerpo inclinado—, como lo hacen las amigas que les gusta la chorcha, el cotorreo, y el protagonismo bravucón de llamar la atención a un comensal cualquiera.
Luego una se levantó al baño y pasó por delante parando la defensa puntiaguda de sus siamesas enervadas, y me hice el despistado pensando, ya anda garigoleando el faroleo vinícola de la región, y se nota cómo camina, cómo menea, y ese despiste me llevó a diagnosticar las letras de Cerati, el significado y cómo le haría para escribir y componer semejantes armonías, tanto, que en la noche lo soñé e interactuamos hablando de su nuevo álbum donde merodeaba con instrumentos nuevos, y espirituales.