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Yo Soy Eso |
A veces me he preguntado cómo lo conocí, al desaforado y emancipado personaje de San Tzara. Ya lo había visto caminando, o él me había visto a mí, y cada vez que nos encontrábamos, él apuntalaba su mirada en mí de una forma como no había visto en nadie del Matrix. Pronto me dije que algo no fluía bien con él. Luego, Katya me lo confirmó. "Está medio loco", dijo ella, en una ocasión en que el hombre la perforó con su mirada.
No estaba seguro de quién se trataba, pero me decía que debía conocerme, por la forma en que me miraba. Aunque Katya insistió en que simplemente era un tipo enfermo. Una vez lo vi hablando con un librero de la localidad y sospeché que algo tenía que ver con el ámbito literario.
Por fin, un día se dio el molesto encuentro, donde confirmé mi sospecha. Nos topamos, como en otras ocasiones, durante una caminata, pues al hombre le gustaba caminar.
—Nunca me gustó lo que escribes —me soltó así, sin más, sin saludar.
—Ah, gracias.
—Soy Gilga —dijo—, o Gilgamesh para ti. Para mis amigos soy Gilga, para ti no. No me caes bien. De hecho, me caes bastante mal.
—¿Se puede saber por qué?
—Porque soy promotor cultural, mi buen —dijo, dejándome perplejo mientras su mirada me taladraba, como de costumbre.
Una mirada enferma y detonante, como si fuera la de un ser de otra dimensión. Luego le encontré un parecido con un gurú de la India, Nisargadatta, y se lo dije.
—No me extraña que me digas eso, ya me lo han dicho en el trabajo y en el gimnasio. Mi genética viene de otra dimensión. ¿Sabías que el tiempo no existe? Lo que tú escribías era un bodrio, pero yo tengo lazos con la antigüedad, mi buen, y nunca pensaría en recomendarte. Mi papá me puso Gilga porque era estudioso de las civilizaciones antiguas y me dijo que yo sería un autor de influencia, aunque aún estoy esperando la hora.
—¿Por qué te caigo mal? ¿Qué hice para caerte mal?
—Una vez me heriste mucho, y quise llorar, pero me contuve. Fui fuerte, como el mástil del barco donde trabajaba cuando fui a Alaska a pescar atún, pues en ese tiempo no tenía dinero y estaba batallando en la vida. Hice mucho ejercicio en el barco, los cabrones me veían haciendo lagartijas y decían: "Este mamón se va a convertir en un semidiós", pero no sabían que quería ponerme en forma, bien cuadrado, como los mineros de antes —alzó los puños y se puso en posición de ataque.
—¿Estás bromeando?
—¿Estás bromeando?
—Yo también soy autor, pero de los buenos, de los que escriben para otras dimensiones. ¿Sabías que hay miles de seres en otras dimensiones? En este momento estamos rodeados de ellos, y les interesa ver cómo te voy a putear, pues me lo han dicho en más de una ocasión. Me dicen: "Gilga, si te madreas a un escritor, te damos veinte créditos". Hay muchos escritores en la lista que guardo en la bolsa, y a ellos les gusta estar al tanto de lo que pasa en esta mierda de existencia. Por eso escribo, para tenerlos al tanto. Y hoy voy a escribir para ellos cuando llegue a la casa y prenda la televisión. Antes me serviré una Coca-Cola o veré la televisión.
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