2/3/26

El bajón de la Catarsis

    El tiempo es una oruga biónica en definitiva. En el momento que se lee esto ya pasó otro año y se nota en las arrugas. En el momento que se escribe, aún no ha pasado y te encuentras a una persona que no envejece. Pero es como si hubiera pasado desde años atrás cuando estabas en los brazos de un idilio romántico. Una vez que llegan esos tiempos, ya valió madre. El tiempo se desliza sobre una resbaladilla. Dale amor al destiempo.

    Una resbaladilla biónica. Así transcurre la vida, siempre resbalando de bajada al vacío de la incertidumbre, a destiempo, como una infección que no se detiene. No hay antibiótico para el tiempo. Este lleva su lógica separada. Uno va por el lado, tratando de detenerlo, pero nada. Solo hay separación.

    Uno es iluso como comadre llamándole a su mejor amiga para hacer catarsis, pero de nada sirve. No hay antibióticos, no hay nada. Hay separación. No hay pan dulce. Solo una gran resbaladilla, y todo se está deslizando con una violencia inseparable hacia el odio existencial del sinsentido.

    Por eso los poetas de haiku detuvieron el tiempo. A ellos no les pagaron. Ellos decidieron escribir estas palancas donde el sentido no tiene sentido. Es la banalidad de lo cotidiano, el Aquí y Ahora. Una gran paradoja para quien sea capaz de investigar la causa.

2/2/26

Pantalla de cine

    No evidenceo nada de lo que leo, y eso está bien. Esto me permite ingresar un anuncio en las reuniones.
    —Estoy leyendo a Vila-Matas.
    —Yo también —podría decir alguna inquieta personalidad atenta a las artes sentada en una esquina.
    —Y de qué trata —una ñora extraña pero llamativa, valga la redundancia, pregunta desde el otro lado de la sala.
    —Trata acerca de los Mixtecas en tiempo del maíz antes de la conquista.

Modas pasajeras

    Somos críticos de la moda y yo me hice así. Antes compraba mi ropa en segundas y fumaba cigarros y nos entrevistaban acerca de la antimoda. Ahora soy feliz y camino sobre cascarones de huevo y no quiero pisar uno. Ella me exige que me vista presentable —es su palabra. Nada de ropa fachosa o informal. Hay que verse presentable. Nada de cigarros o ropa de segunda. Ya deja la vespa, ya deja el guarumo, ponte a escribir. Vi a Fermín en Walmart.
    Pero luego video a energúmenos en fachas, en hoodies, o mamiladas por el estilo, como si estuvieran en su casa viendo la tele, y no en el teatro videando una presentación de Tchaikovsky.
    —Mira aquellos.
    —Allá ellos, pero solo algunos. La mayoría viene bien vestida.
    Puras mentiras. Sé mirar y contar hasta diez. Y veo a varios fachosos, incluso señores ya entrados en años con sus hoodies de fin de semana.
    Debo admitir que tiene sus ventajas en el idilio linfático verse presentable. Una ñora extraña pero llamativa, valga la redundancia, me ve y lanza su mejor apuesta, pero yo paso de largo, sabiendo que soy de los mejores, y por eso destaco, y por eso me quiso tirar el sablazo.

1/29/26

Escribir lo que sea...

All the buried seeds
crack open in the dark
the instant they surrender
to a process they can’t see.

~Mark Nepo



    ...escribir incoherencias es un arte supositorio —lo primero que viene a la cabeza— como Kerouac y sus amigos en la fogata de aquellos tiempos libres y eunucos (en la librería de fallucas no conocían a kerouac):

    “El ego es un metal oxidado.”
    “¿Qué es un metal oxidado? ¿Qué estaba haciendo yo?”
    “Dormir.”
    “Es el mejor lugar para practicar el no-hacer."

    Y luego:
    “¿Habéis probado la leche de Patagonia? ¡Es la mejor del mundo, tiene un contenido de grasa que te hace ver visiones!"

    Y luego:
    “El ego es un metal oxidado”.

    Lo dijo una persona oxidada. Lo dijo a broma de modo, para que yo me hiciera el supiera y entendiera qué responder en reuniones habidas bien. Ahora disléxico, digo, el ego es óxido para ser consumido por orates en turno.

1/26/26

Escribe lo que sea, dice el compa mecánico, de todas formas nadie lo va leer

    El tiempo es una palabra neurótica y antigua que no soporta la puerta del Ahora. Veinte años es igual que el mensaje original de la mesera que te atendió en el tapanco oculto. Nada es imposible en este juego de vida. Brinca en la cama inflable y duerme, bebé. El sueño dura veinte años.

    Parte dos de esta miniserie. El misterio empieza el día lunes y termina el día domingo. Pero el tiempo es una palabra neurótica y antigua. Da igual si usted sabe de matemáticas o química. El rol designado por la nota del examen que te hacen en el más allá es un placer saludarle Morley.

    El cuerpo humano es la parte tres, y mide de ancho por el cielo. En la noche desaparece y se inventa algo más que nada pasamos por la ventana y volamos como microcuento de 50 palabras, como lunáticos zen, y las condiciones de uso exclusivo y el otro extremo provocando un abrazo fuerte para todos.