—No es cierto —dijo—. Depende del óvulo.
No se le veía la cara. Daba la espalda, él y su pareja.
Continué interesado en el yakimeshi. Pues era un buen yakimeshi. Comíamos departiendo sobre la escritura, materia imposible del currículum salado.
Luego él soltó algo más.
—Escribe como si ya. Así verás que no.
Seguimos cada quien en el sabotaje del yakimeshi, debatiendo entre silencios y el protagonismo de los pichicatos.
Un menaje postmoderno como cualquier otro. Y como siempre, un placer compartir con personas esquivas e inciertas.
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