2/3/26

El bajón de la Catarsis

    El tiempo es una oruga biónica en definitiva. En el momento que se lee esto ya pasó otro año y se nota en las arrugas. En el momento que se escribe, aún no ha pasado y te encuentras a una persona que no envejece. Pero es como si hubiera pasado desde años atrás cuando estabas en los brazos de un idilio romántico. Una vez que llegan esos tiempos, ya valió madre. El tiempo se desliza sobre una resbaladilla. Dale amor al destiempo.

    Una resbaladilla biónica. Así transcurre la vida, siempre resbalando de bajada al vacío de la incertidumbre, a destiempo, como una infección que no se detiene. No hay antibiótico para el tiempo. Este lleva su lógica separada. Uno va por el lado, tratando de detenerlo, pero nada. Solo hay separación.

    Uno es iluso como comadre llamándole a su mejor amiga para hacer catarsis, pero de nada sirve. No hay antibióticos, no hay nada. Hay separación. No hay pan dulce. Solo una gran resbaladilla, y todo se está deslizando con una violencia inseparable hacia el odio existencial del sinsentido.

    Por eso los poetas de haiku detuvieron el tiempo. A ellos no les pagaron. Ellos decidieron escribir estas palancas donde el sentido no tiene sentido. Es la banalidad de lo cotidiano, el Aquí y Ahora. Una gran paradoja para quien sea capaz de investigar la causa.

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